Soñabas construir un puente hacia la luna en lo alto,

y subimos juntos a la cabaña en la copa del almendro.

Quizás porque el camino no debe ser un trabajo,

mientras elevabas paredes que no sonaran a hueco,

caminaste sin volverte una vez, sin saber ver

que al mirar atrás no quedaba rastro de tu paso,

porque la hierba reverdecía en tus huellas,

y los pájaros se alimentaban de tus semillas.

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Foto: Puente del palacio de verano